Como los índices de accidentalidad registrados en España durante los años 60 eran de los más elevados de Europa, en 1971 se puso en marcha el primer Plan Nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo. El objetivo era concienciar a los trabajadores sobre la necesidad de trabajar de forma segura, al tiempo que se pedía a las empresas que adoptaran medidas para evitar accidentes. Posteriormente, con la aprobación de la Ley General de la Sanidad (en el año 1986) y la de Prevención de Riesgos Laborales (en 1995) mejoraron las condiciones de seguridad de forma considerable. Entre los principales retos a los que se enfrentan las empresas hoy en día se encuentran minimizar los riesgos que conllevan las nuevas tecnologías y optimizar la organización del trabajo para evitar los riesgos psicosociales.







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